Un día, sin pensárselo dos veces, abrió la ventana y se tiró por ella. ¿Qué pasó por su cabeza? Nadie lo sabe con seguridad. Pero ese día tuvo suerte, ya que vivía en una planta calle y desde la ventana a la acera no había más de metro y medio. Pasado un tiempo sus impulsos suicidas fueron desapareciendo, y aquí también tuvo suerte, puesto que este cambio de personalidad coincidió con un cambio de domicilio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario